Estuve todo el lunes cabizbaja y con muy mala energía, hasta que se me ocurrió mirar mi aplicación de calendario menstrual. Y ahí, estaba la clave:
¡Pues vaya! Ni el mundo se acaba, ni mi trabajo es tan malo, ni esta ciudad es tan triste; es que me va a llegar la regla en tres días.
Lo que acabo de describir supongo que no será ninguna sorpresa ni para las personas que menstrúan que estén leyendo esto, ni para sus seres queridos.
Hay personas a las que la menstruación les afecta más o menos emocionalmente, pero lo que sí sé es que nos afecta. La ciencia apunta a que hay fluctuaciones reales, que la fase folicular y la ovulación favorecen la memoria, la sociabilidad y la creatividad, y que la fase de sangrado puede coincidir con un pico de agilidad cognitiva (1).
Ahora bien, todos estos cambios hormonales y el hecho de que seamos cíclicas, en sí, no tiene nada de negativo, el problema es vivir en un mundo construido por y para hombres.
Estas diferentes habilidades en diferentes momentos del mes o los niveles de energía distintos no es que no se tengan en cuenta, es que se pretende que seamos igual de productivas, ágiles y sociables en todo momento sin tener en cuenta que posiblemente no estemos igual de dispuestas para unas u otras actividades a lo largo del ciclo.
Cuando el cuerpo dice basta
Con respecto a esto, para ciertas personas la menstruación o incluso, la ovulación, son tan dolorosas que las paralizan o las obligan a seguir el ritmo con dolor, cansancio y menor tolerancia a la frustración. En mi experiencia, y por la de mis amigas más cercanas, la excepción son las personas que menstrúan sin dolor o sin incomodidad; aquellas que no se encuentran “mal” en esos días.
Desde el 1 de junio de 2023 es posible tramitar una baja laboral por menstruación incapacitante en España. Ciertas personas celebraron este avance aunque otras, al parecer carentes de empatía, criticaron duramente la medida advirtiendo que esto podía convertirse, aparentemente, en una "bacanal constante", considerando incluso que esto podría hacer que se contrataran menos mujeres.
Bueno, pues bienvenida sea una nueva excusa patriarcal para no contratar mujeres. Una arriba una abajo, qué más da.
En algunos momentos, parece que el ganar derechos u oportunidades se percibe como si quienes los consiguen se los estuvieran quitando a los demás. Ciertamente las personas a las que les molesta este tipo de “ventajas” u oportunidades, deberían plantearse cuán privilegiadas son para considerar que este tipo de medidas no son necesarias.
No nos engañemos,
permitir a personas que se encuentran francamente mal 3-5 días al mes no ir a trabajar cuando ir sería una auténtica tortura, parece una medida humanista y no un privilegio dorado que usar cuando no te apetece ir a trabajar esa semana.
Que duela, vale. Que además cueste, no

Todas estas maravillosas consecuencias de la regla aún no han considerado la mejor de todas, la feminización de la pobreza, el precio alto de esos productos y los químicos que se utilizan en algunos productos de higiene menstrual. Específicamente, nos referimos a la escasez de algunos de estos productos en algunos lugares, el síndrome de shock tóxico al que te expones la primera vez que usas un tampón y el terror del monopolio de estos productos que ha intentado que productos más económicos, saludables y mejores para el medio ambiente - como la ropa interior menstrual o la copa - no sean conocidos en el mercado.
Estos productos deberían, si no ser gratis o subvencionados, tener un precio asumible por cualquier bolsillo.
A veces pareciera que se nos olvida que algunas personas comienzan a menstruar a edades tan tempranas como 10-14 años. Un paquete de 18 tampones son unos 6€ de media. Por día se pueden utilizar unos 3-6 tampones más otros productos como compresas, 2 por día. Esto sería unos 50€ por semana menstrual. Esto es 50x12 meses al año = 180€. Unos 200€ anuales en higiene femenina.
¿Es este un precio justo?
El impuesto rosa en el mundo
La pobreza menstrual afecta a una de cada cinco niñas en el mundo (2).
Se estima que 500 millones de mujeres carecen de un acceso adecuado a la gestión de la higiene menstrual (3).
En el caso de Mexico, y adentrándonos en casos específicos por país, el 42% de las adolescentes y niñas reportan haber faltado a la escuela durante su menstruación, y las mujeres en situación de pobreza gastan 2,5 veces más en productos de higiene que el resto (4).
Mientras países como Escocia o Reino Unido o Kenia han eliminado los impuestos sobre los productos menstruales o directamente los ofrecen gratis en escuelas y espacios públicos, otros los gravan como artículos de lujo: Hungría al 27%, Argentina al 21%, y España al 10%, el mismo IVA que un evento deportivo o una noche de hotel (5)...
Históricamente, la normativa de la UE limitaba la reducción del IVA en productos de higiene femenina (tampones/compresas) siendo el mínimo posible aplicable del 5%, al considerarlos productos de primera necesidad, pero no bienes básicos o de primera necesidad de tipo superreducido. Sin embargo, la normativa ha evolucionado permitiendo a día de hoy a los países miembros aplicar tipos inferiores o 0% en productos de salud menstrual (5).
El problema no es la regla, es el silencio
Recuerdo momentos de vergüenza en el colegio cuando yo era una de las pocas chicas en la clase que menstruaban. Como una vez cuando me bajó un día que no me tocaba y me manché los pantalones; me moría de vergüenza de ir dando vueltas con el pantalón manchado y un amigo me dejó su sudadera para llevarla atada a la cintura y no se me viera.
Nunca se me olvidará ese gesto.
La vergüenza con la que vivimos a veces cambios naturales del cuerpo es asombrosa.
Aquella manera en la que pedíamos productos de higiene menstrual a una compañera de clase y nos los pasábamos como si de droga se tratara (o como tu abuela te da la propina los domingos para que tus padres no te vean). Hasta hace relativamente poco no se me ocurría hacer comentarios sobre mi menstruación a los hombres que había en mi vida por miedo a sentirme juzgada, a que dijeran que el tema era asqueroso o a que me tildaran de “débil”.
En el fondo de lo que me avergonzaba era de menstruar, de ser mujer y todo lo que conlleva.
Lo bueno es que siempre hay tiempo de darse cuenta de las cosas, reflexionar y cambiar la perspectiva.
¿Cuándo dejamos/dejaremos de pasarnos las compresas a escondidas y empezamos a exigir que estén en cualquier baño, gratis, sin vergüenza?
Que duela, pase. Que cueste, también parece que pasa. Lo que no puede seguir pasando es que sigamos tratando todo esto como un secreto humillante cuando la regla es sinónimo de vida.
Cada mes, más de 2,000 millones de personas menstrúan en el mundo, así que deberíamos preguntarnos por qué es considerado tan raro y tan vergonzoso con semejantes cifras (6).
- Un artículo de Claudia Jiménez -
(1) Salud on Net, https://www.saludonnet.com/blog/impacto-del-ciclo-menstrual-en-la-salud-fisica-y-mental/; Physchology today, https://www.psychologytoday.com/us/blog/exercise-neuroscience/202511/what-your-cycle-really-does-to-your-brain
(2) Europa Press, cit. Plan International, https://www.eltiempo.com/salud/una-de-cada-cinco-ninas-y-mujeres-en-el-mundo-no-tienen-acceso-a-productos-menstruales-771721
(3) World Bank, https://www.worldbank.org/en/topic/water/brief/menstrual-health-and-hygiene
(4) UN, https://news.un.org/es/story/2022/01/1502512/
(5) International Amnesty, https://www.es.amnesty.org/en-que-estamos/blog/historia/articulo/la-menstruacion-y-los-derechos-humanos/
(6) UN Women, https://www.unwomen.org/es/articulos/articulo-explicativo/pobreza-asociada-a-la-menstruacion-por-que-millones-de-ninas-y-mujeres-no-pueden-permitirse-los-productos-menstruales. Nota: Normalmente, los datos disponibles sobre salud menstrual hacen referencia a niñas y mujeres de entre 15 y 49 años. A escala mundial, este grupo de edad incluía a casi 2.000 millones de niñas y mujeres en 2022. Sin embargo, personas no binarias y trans también tienen la menstruación.
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