Recorremos esta etapa femenina tan desatendida e intencionalmente olvidada confiando en que los tabúes que ha impuesto e impone el sistema patriarcal se vayan desmembrando. Bienvenidas siempre, todas las mujeres, en todas sus formas de estar en lo femenino, a Purcuapà Magazine.
Lo que no se investiga, no existe (para el sistema sanitario)
En palabras de Antonio Cano, Profesor titular de Obstetricia y Ginecología en el Departamento de Pediatría, Obstetricia y Ginecología de la Universitat de València, “El fundamento biológico [de la menopausia] es la programación del ovario para cesar su actividad hormonal (...). La pérdida brusca de la hormona ovárica principal, los estrógenos, tiene una serie de implicaciones sobre distintos órganos y sistemas, ya que hay receptores de estrógenos distribuidos en la mayoría de los tejidos del cuerpo. Por tanto, además de síntomas genitales, esencialmente la atrofia de la mucosas vaginal y en parte del epitelio vulvar, hay efectos óseos (osteoporosis postmenopáusica), cardiovasculares (aceleración de arteriosclerosis, con impacto en enfermedad cardíaca coronaria e ictus, y los muy frecuentes síntomas vasomotores, los denominados sofocos), cerebrales (brain fog, alteraciones del estado de ánimo), alteraciones del sueño, cambios en el peso y la estructura corporal, etc., lo que supone un deterioro en la calidad de vida de muchas mujeres.” (1)
¿A vosotres os parece que si las personas con aparato reproductor masculino pasaran por unos cambios semejantes se tomaría como algo “natural” que no merece estudio? ¿Algo sobre lo que no hace falta ver si se pueden mejorar las circunstancias de vida de quien lo sufre? Bien es cierto que hay personas que lo viven con naturalidad, sin apenas síntomas negativos y con la convicción de que esta etapa trae lo mejor de la vida. Pero considero que habría que buscar mejoras significativas para las personas que no lo viven así.
Menopausia sin vergüenza
La menopausia se ha visto medicalizada o incluso banalizada, pero hace relativamente poco que es abordada como el fenómeno complejo que es, donde interactúan multitud de cambios que afectan a la mitad de la población. “La menopausia no debe entenderse exclusivamente como el final de la fertilidad, sino como un proceso biopsicosocial que puede alterar la percepción del cuerpo, la autoestima, la sexualidad, las relaciones interpersonales y la estabilidad emocional.” (2)
Ya en la perimenopausia, “los niveles de estrógenos y progesterona comienzan a alterarse de manera irregular, provocando síntomas físicos y psicológicos variables. Es precisamente durante esta fase cuando suelen aparecer con mayor intensidad irritabilidad, labilidad emocional, ansiedad, trastornos del sueño y dificultades cognitivas. La variabilidad hormonal parece tener un impacto emocional incluso mayor que el descenso hormonal estable de la posmenopausia.” (3)
Tal y como se publica en la revista especializada THE LANCET, las hormonas sexuales esteroideas (testosterona, progesterona y estrógenos) parecen interactuar con factores psicosociales, promoviendo depresión en las personas que presentaban cambios debidos a la menopausia. (4)
Si todos estos síntomas afectaran a las personas con aparato reproductor masculino de manera general a partir de un punto en su vida, es muy probable que hubiera un sector entero de la medicina estudiando cómo mejorar su sintomatología y su vida, pero es a las personas con aparato reproductor femenino a las que afecta… ¡Qué histéricas, si sólo es un bajón emocional y un par de sofocos!
La identidad de las personas con sistema reproductor femenino y el lugar que ocupan en la sociedad (particularmente cuando el sistema está activo y en pleno funcionamiento) también provoca cierta vergüenza a admitir que se está pasando por esta etapa… lo que no facilita el acudir al entorno médico o psicológico para pedir ayuda. Se normaliza el sufrimiento de algunas personas considerando este trámite como “natural”.

Nuestro envejecimiento se invisibiliza, da vergüenza; no conozco a muchos hombres que intenten ocultar su edad como en general lo intentan las mujeres.
¿Cuántos hombres conoces que empiecen a teñirse en cuanto les salen las primeras canas? ¿Cuántos anuncios dirigidos directamente a hombres has visto sobre cremas anti edad o medicación de prevención de los problemas de erección? Les preocupa nuestra sequedad vaginal, pero ¿por nuestra comodidad o para que sigamos manteniendo relaciones sexuales con ellos?
¿Por qué es sólo nuestra vejez la que incomoda y da vergüenza?
Seguro que habéis escuchado alguna vez lo de que los hombres con canas son más atractivos, más interesantes… Cuando tras años de teñirme me di cuenta de que me habían salido algunas canas en las que no había reparado justo cuando había decidido dejarme mi color natural de cabello me asaltaron varias preguntas: “¿Te sientes cómoda enseñando esas canas? ¿Ya soy tan mayor como para tener pelo gris? ¿Cuándo me empezaron a salir?". Fue difícil aceptar que yo había empezado a encanecer antes de los 30 cuando a mi madre le salió la primera cana pasados los 45, pero bueno, la genética es así de caprichosa y creo que mi padre empezó temprano.
Sofocos, silencio y sesgo: lo que nadie te cuenta sobre la menopausia
“Los sesgos de género se han perpetuado y todavía hoy atraviesan todas las capas del sistema sanitario. Hay una medicina de talla única alicatada en los libros y en las consultas: el modelo de hombre blanco sano de mediana edad es el que manda y todo lo que salga de ahí es “atípico”. Aunque esa atipicidad implique a la otra mitad del planeta.” (5)
En esta reflexión sobre la discriminación de las mujeres en la medicina, publicada por EL PAÍS, leemos datos tan espeluznantes como que algunas de las soluciones propuestas y puestas en práctica para problemas de índole médica en personas con aparato reproductor femenino iban desde la inyección de drogas en los genitales, hasta la sumisión química. (6)
En muchas ocasiones, nuestros dolores o quejas se ven desde un punto de vista psicológico o psiquiátrico sin antes hacer un buen diagnóstico a través de la escucha activa de la paciente. Se nos juzga y menosprecia sin ser escuchadas. En todavía demasiados casos se nos prescribe la píldora anticonceptiva como santo grial para solución de multitud de problemas médicos, cuando ésta atenúa los síntomas, pero no soluciona ninguna enfermedad. Lo que hace falta es dinero, mucho dinero, para investigar la salud femenina pero claro, se considera más importante conseguir una buena erección que investigar por qué se produce la fibromialgia, la endometriosis o cualquier enfermedad autoinmune con prevalencia generalizada mayoritariamente en personas con órganos reproductores femeninos. “El 80% de las enfermedades autoinmunes ocurren en mujeres”. (7) ¡Uy, pero qué sorpresa! ¡Pero qué me dices, Alfonso!
Fértiles 365 días, 0 responsabilidad compartida
Y ya que hablamos de lo que la ciencia decide no mirar: llevamos más de sesenta años metiendo hormonas en nuestros cuerpos sin que a nadie le tiemble el pulso, pero en cuanto se plantea una píldora anticonceptiva para hombres, de repente aparecen los efectos secundarios como excusa insalvable. Los mismos efectos secundarios —cambios de humor, acné, alteraciones del deseo sexual— que nosotras llevamos décadas tragando en silencio porque "es lo que hay".
La investigación farmacéutica sobre anticoncepción masculina lleva prácticamente congelada desde los años noventa, no por falta de opciones biológicas viables, sino por falta de interés en repartir la carga.
Mientras tanto, seguimos siendo nosotras quienes cargamos con las pastillas, los DIU, las ligaduras, los efectos secundarios y, cuando llega el momento, también con la menopausia que nadie estudió.

La responsabilidad reproductiva tiene género, y no es precisamente casualidad. Las personas con aparato reproductor femenino son fértiles los 365 días al año, pero soy yo, que lo soy 5-7 días al mes, la que se toma la pastilla o lleva preservativos en la cartera. Y luego viene Alfonso y te dice que por hacerlo un rato sin condón no pasa nada. ¡Claro, si el crío o el aborto me lo voy a cargar yo! ¡Qué te va a importar a ti!
La carga no sólo física sino mental de la salud reproductiva sigue cayendo en nosotras… cómo si el tener útero nos hiciera más responsables de tomar precauciones. Algunas personas con pene se quejan de que les aprieta. Alfonso, cariño mío, te cabría la cabeza dentro… ¿Cómo te va a apretar el pene? ¿Cuántas mujeres conoces que hayan tenido que insistir para que la otra persona usara un preservativo? ¿Por qué tiene que ser incómodo y hacerte sentir como una pesada el tomar una precaución básica para prevenir infecciones de transmisión sexual (ITS) y embarazos no deseados?
Alfonso, no, no quiero hacerlo a pelo pero gracias por el ofrecimiento.
Algunos hombres de verdad sacrifican su salud física y sexual por darnos placer… ¡siempre pensando en nosotras!
Diagnóstico previo: histeria
De histéricas hablamos…
“La estética de la paciente y cómo refiere los síntomas todavía condicionan la respuesta médica, explican las expertas consultadas. En su libro El corazón de las mujeres, Sambola ha llegado a trazar una guía para mujeres de cómo comunicar los síntomas en las consultas para que se les preste atención y sean “creíbles”.” (8)
Nuestro dolor o síntomas son enterrados por prejuicios en el sector médico y se nos ha de enseñar cómo comunicarlos para no ser tratadas por depresión y ansiedad, con antidepresivos y ansiolíticos, en lugar de diagnosticar y tratar por ejemplo, la fibromialgia.
Prevenir cuesta menos que curar (pero no interesa)
La fibromialgia, la menopausia, y muchas otras cosas, todavía se tratan como si fueran algo de lo que avergonzarse, algo sobre lo que hablar “bajito” con alguna amiga. Muchas personas con aparato reproductor femenino sufren todos o algunos de estos síntomas en silencio por vergüenza, por desconocimiento o por falta de información.
Una detección temprana de una perimenopausia podría aliviar muchas incomodidades y problemas médicos como la osteoporosis, pero no existe un sistema de prevención temprana como en el caso del cáncer de mama con detección y diagnóstico de manera general por grupos de edad.
¿Qué ocurriría si al cumplir los 40 recibiéramos una carta de ginecología para hablar de la ausencia o presencia de algunos de estos síntomas?
¿Qué podría pasar si se nos dieran pautas de comportamiento para llevar una dieta equilibrada y hacer ejercicio de fuerza 2 o 3 días por semana como prevención de la osteoporosis temprana? ¿Se acabaría el mundo?
¿Cuánto sufrirían los presupuestos de prevención en salud?
Quizás esto ahorraría dinero y tiempo en el medio/largo plazo, pero parece que no interesa mejorar nuestra situación de salud mental y física; prevenir antes que curar.

Caducidad biológica: el cuento que sólo nos contaron a nosotras
La
Machosfera nos va comunicando que las mujeres a partir de los 40 no son biológicamente compatibles con el embarazo, menospreciando a estas mujeres por ya no servir como horno-vasija para sus hijes. (9) En
este reel espeluznante de la Doctora Martina Villa, algunos
onvres de “alto valor” comentan que nunca saldrían con una mujer de su edad. ¡Ojo! No mayores que ellos, de su edad. Porque aparentemente, su calidad biológica para ser madres disminuye. ¿Y la suya, no? Alfonso cariño, nadie quiere quedarse embarazada de ti, relájate. En este vídeo se nos relega a mera vasija u horno; no les veo hablar de las mujeres como seres humanos sino como hornos gestantes. ¿Qué ocurriría si yo hablara de mi hipotética pareja sexual o romántica como un donante de esperma? ¿Nos llevaríamos las manos a la cabeza? ¿Estos
influmerders se han hecho una analítica de calidad del semen para hablar de esa manera de las mujeres con las que pretenden gestar?, si es que encuentran a personas dispuestas, claro.

Llevan años martirizándonos con que a partir de los 30 nuestro valor biológico disminuye, utilizando términos menospreciantes como “embarazo geriátrico” por parte de la comunidad médica refiriéndose a mujeres embarazadas con 35 años o más, pero yo nunca escuché un término para referirse a la edad del progenitor masculino, mucho menos para ningunearlo o despreciar la supuesta calidad de su esperma. Algunos estudios más actuales parecen demostrar que los hábitos de vida del hombre al que pertenece el esperma que produce el embarazo también influyen considerablemente sobre algunos de los síntomas del embarazo de la gestante y sobre la salud del feto. (10) Vaya, ¡qué sorpresón! El 50% del material biológico del embarazo tiene consecuencias sobre éste.
Nada de esto es ciencia ficción. Los datos, los tratamientos hormonales, los protocolos de ejercicio de fuerza, los sistemas de cribado por edad que funcionan perfectamente para otras cosas podrían sistematizarse, pero falta voluntad, preocupación y medios: una carta de ginecología a los 40, financiación real para la endometriosis, estudios serios sobre anticoncepción masculina,
un lenguaje médico que no confunda dolor con histeria.
No es un misterio biológico sin resolver, es una decisión que alguien sigue sin tomar.
Mientras tanto, seguiremos aquí. Con sofocos, con arrugas, con la osteoporosis que nadie nos avisó que podíamos prevenir.
Las arrugas nunca fueron el problema. El problema es que nadie quiso estudiar lo que viene con ellas.
Y Alfonso, en algún vídeo, seguirá explicando por qué a los cuarenta ya no somos "biológicamente viables" — sin que a nadie se le ocurra preguntarle a él por la calidad de su esperma. Relájate, Alfonso. El problema nunca fuimos nosotras, el problema es que tu reloj biológico nunca sonó. Igual es hora de preguntarnos por qué el nuestro suena tan alto en los medios y tan bajo en los laboratorios.
- Un artículo de Claudia Jiménez -
(3) Psicología y Mente, bis.
(6) EL PAÍS, bis.
(8) EL PAÍS, bis.