No hace muchos años, comprar vintage o de segunda mano era algo que hacían coleccionistas o personas de bajos recursos. Hoy en día, es una moda para todas y todos los chicos fashion que buscan expandir su estilo y su armario.
La sustentabilidad se volvió tendencia
Con la globalización, las redes sociales, los influencers y las nuevas formas de consumir contenido, hoy tenemos al alcance de nuestros dedos toda la información que queramos. Podemos conocer las industrias más contaminantes, escuchar a activistas lanzando datos clave sobre los daños y la explotación hacia nuestro planeta, y estoy segura de que la mayoría ha sentido empatía y, en consecuencia, la necesidad de cambiar ciertos hábitos de consumo.
Y ahí es donde nace esta popularidad de comprar ropa vintage o de segunda mano. Porque, ojo, la ropa de segunda mano no necesariamente es vintage, pero aun así es visto como un consumo más responsable.
Personas de distintos países, con vidas lujosas y siendo referentes para muchas de nosotras, empiezan a comprar ropa usada y el consumo cambia.
Cambia y todas y todos empezamos a normalizar e incluso encontrarle valor a consumir prendas con historia. Porque, como siempre lo mostró la historia de la humanidad, somos seres que queremos pertenecer. Y en la moda, la pertenencia predomina. En el caso del consumo vintage, también.
El problema no es sólo el fast fashion
La relación de amor y odio con las marcas de fast fashion es una toxicidad indefinida. Y aunque usualmente estas marcas reciben el mayor tipo de “hate”, muchas veces con justa razón, podríamos escribir un artículo entero sobre los daños al medio ambiente y sobre cómo la moda es una de las industrias más contaminantes del mundo.
Pero hay un debate que creo importante abrir: ¿de quién es realmente la culpa?
Porque una empresa no crece por sí sola, crece porque existe una demanda que la hace crecer. Y últimamente he pensado mucho en eso. El problema no son sólo las empresas que nos ofrecen este tipo de consumo; al final, quienes tomamos la decisión de compra somos nosotros.
Y la industria de la ropa vintage o usada está empezando a convertirse también en una industria de fast fashion, ¿no creen? Hoy encontramos prendas de Zara o Shein en ferias de segunda mano. Entonces, ¿no es también un hiperconsumo disfrazado de conciencia?
El consumo disfrazado de conciencia
A los humanos nos encanta engañarnos al consumir, y a las empresas les encanta que nos engañemos porque así pueden vender más.
El vintage shopping y la ropa de segunda mano han llegado también a seducirnos, porque qué mejor sensación que pensar que la ropa que compramos no viene directamente de una fábrica contaminante, sino del clóset de alguien más.
Pero si nos sentamos a pensar bien, a menos que sean piezas con una trayectoria de muchos años, ¿no sigue siendo el mismo tipo de consumismo?
Lo que veo como stylist
Mi visión como stylist es que toda prenda tiene un valor alto y que depende de nosotras darle una vida real y duradera. Creo que el objetivo debería ser que la gente vea la ropa como una herramienta para expresarse, para divertirse y para construir identidad.
Pero también creo que deberíamos aprender a cuidar lo que compramos y lo que ya tenemos en el clóset, porque el estilo no es descartable. Y, por lo tanto, la ropa tampoco debería serlo.
Entonces, ¿qué significa consumir mejor?
Consumir mejor es consumir menos.
Sé que, como amantes de la moda, cuesta escuchar eso, pero es la realidad.
Consumir no está mal. El problema es consumir en exceso, ya sea ropa nueva o vintage. Eso es lo que termina afectando a nuestro planeta y a todas las personas que trabajan dentro de esta industria.
Lo importante es que lo que compremos lo usemos y lo cuidemos. Obviamente, si queremos una prenda específica, la mejor opción probablemente sea buscarla vintage, porque viene con una historia y posiblemente no la encontremos en ninguna otra parte.
Pero también deberíamos explotar más nuestra creatividad para que, con lo que ya tenemos, podamos crear diferentes combinaciones y darles una vibra distinta. Tal vez así esa necesidad constante de comprar empiece a disminuir.
Cuidar la relación con tu armario
Tal vez la conversación sobre sustentabilidad no debería enfocarse solamente en dónde compramos, sino en cómo nos relacionamos con la ropa. Porque podemos tener el clóset más “consciente” del mundo, lleno de prendas vintage, locales o de diseñador, pero si seguimos comprando desde la ansiedad, la novedad o la acumulación, ¿realmente estamos cambiando algo?
Quizás consumir mejor no se trata de comprar perfecto, sino de aprender a valorar más lo que ya tenemos.
- Un artículo de Martina Eguino -
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