"... comer flores, dormir la hierba, cazar estrellas al vuelo..." Entre muchos de sus cuidados versos damos con este la bienvenida a Sofía Marbán Lorenzo y a su primer poemario, Líbrida, publicado por la editorial Talón de Aquiles.
¿Cuándo y por qué empezaste a escribir poesía?
Supongo que, por el deseo de jugar, la curiosidad o un impulso desde el subconsciente. Respecto al cuándo, diría que en la adolescencia tardía. Como muchas que crecimos en una cultura analógica y, en mi caso, al haber vivido fuera de España desde pequeña, empecé escribiendo cartas y postales a familia, amigos, amigas y novietes de verano, en las que aprovechaba para meter alguna rima o alguna frase pretendidamente elocuente.
Lo que sí recuerdo perfectamente y todavía conservo es lo primero que escribí en la máquina de escribir de mi abuelo paterno, una Olivetti Lettera que me ayudaba a navegar el tedio de algunas tardes de domingo entre adultos. No fue precisamente poesía, más bien una misiva escueta y bastante tétrica destinada al por aquel entonces presidente del Gobierno, Felipe González, en la que le anunciaba el fallecimiento de su padre. Estas líneas las escribí en 1989, diez años antes de la muerte del padre de Felipe González. No era un texto precisamente poético, pero me gusta recordar la anécdota.
Volviendo a la poesía, en realidad no me introduje de lleno en ella de manera natural y orgánica hasta que empecé a peinar calles y bares de los diferentes países y ciudades donde he vivido.
Es la gente de a pie y las experiencias tangibles, palpables, las que me provocan mayor inspiración.
¿Qué inspiró Líbrida?
Gran parte de Líbrida existe desde hace más de veinte años, pero no ha sido hasta hace unos meses que decidí darle forma y algo de coherencia al conjunto de poemas que he ido acumulando a través de los años. Tras haber finalizado una novela hace más o menos un año, y a la que espero traer y compartir con el mundo en un futuro no muy lejano, tuve un espacio de vida en el que necesitaba volver a escribir, a jugar con las palabras y a ordenar las que llevaban tiempo descuidadas. Recuperé viejos cuadernos, reviví carpetas antiguas del ordenador y me puse a revisar, ordenar y editar poemas. Fue también gracias a la guía y acompañamiento de otras amigas escritoras que me di cuenta de que tenía material suficiente para montar un artefacto urbano y experimental explosivo.
Desde un punto de vista, si cabe, todavía más personal, también me guió una fuerza interior que me obligó a recordar mi valía. Durante meses me crucé con personas que, quisieron cerrarme caminos, verme arrastrada en el fango y con la autoestima destrozada. En otros términos, sobreviví campañas de difamación simultáneas en diversas áreas de mi vida.
Bien es sabido que, desde tiempos inmemoriales, a las mujeres artistas se nos ha tildado de locas y de putas por tener pensamiento propio y habitar el mundo con cuerpos libres de imposiciones sociales o culturales.
Líbrida es, por tanto, el resultado de mi amor propio y del convencimiento de que nadie ni nada en este mundo podrá apagar el fuego de una mujer poeta. Aprovecho este lugar para dar las gracias a dichas personas por sus infructuosos esfuerzos. La obra también pretende ser un acicate para cualquier mujer que sienta que no puede, que no vale. Es una invitación a explorar y expandir nuestro interior, nuestras almas y espíritus, para darles alas hasta el infinito y más allá.
¿Qué poemas se quedaron fuera?
Se quedaron fuera algunos poemas que, por cuestiones de temática o de idioma (escritos en francés principalmente), no tenían cabida en el poemario, así como otros que eran más bien ejercicios lingüísticos o experimentaciones verbales.
¿Sentiste de alguna manera que iban a publicar tu obra?
Sí, porque al margen de mi estilo o del tipo de escritura que despliego, es una obra en la que se tratan cuestiones universales y que pueden resonar con muchas personas y experiencias.
¿Estás preparando la siguiente?
La siguiente es realmente la primera obra que escribí, una colección de relatos que ha derivado en una novela fragmentaria que presenta un periplo autobiográfico, pero también sociológico en el mítico barrio de Flagey, donde viví varios años. L’ANAMOUR. Sombras de Bruselas es una novela de deriva urbana y de transformación íntima en la que una historia de amor funciona como puerta de entrada a una exploración del deseo, el poder, la soledad y las formas contemporáneas de exclusión.
Bruselas —crepuscular, sensual, contradictoria y multilingüe— se convierte en un personaje vivo y en el espejo de una conciencia que cambia.
Después de perderse en los demás, la protagonista emprende el difícil proceso de recuperar su cuerpo, su territorio y su propia mirada. La novela está escrita en prosa poética, presenta un fuerte imaginario onírico y se nutre de corrientes filosóficas y artísticas como el existencialismo y el surrealismo. Si todo va bien, espero dar a luz y publicarla en 2027.
¿Qué es lo que más y lo que menos te gusta de escribir?
Lo que menos me gusta es la lucha constante que me produce encontrar la palabra precisa y la sonrisa perfecta… Bueno, esto es de la canción Ojalá, de Silvio Rodríguez, pero me parece relevante a la pregunta. Es una sensación ambivalente: provoca frustración, pero a su vez cierto placer.
La tarea y oficio de escribir no es solamente una actividad sumamente solitaria, sino también masoquista; de eso no tengo duda alguna.
Creo que, con el paso del tiempo, he ido limando un poco mi estilo, que, por lo menos en prosa o narrativa, se caracteriza por cierto barroquismo, frases largas y cargadas de imágenes. Supongo que, cuando logras o adquieres mayor claridad y discernimiento en diferentes áreas de la vida, esto se refleja a su vez en cómo transmites o comunicas ideas, reflexiones o lo que sea que se pretenda comunicar o hacer sentir. Esto no exime que me siga gustando experimentar, recuperar términos en desuso y gozar de la fenomenología. Yo escribo en primer y último lugar para mí, no para el resto, pero siento que tanto en prosa como en poesía mi estilo ha derivado en algo más lacónico y directo.
Podría mencionar también otra sensación aparentemente contradictoria: cuando he terminado un cuento, un relato, un poema, incluso una frase o un verso, la unidad mínima, me embarga una sensación de vacío, como si me hubieran extirpado un órgano vital y me hubiera quedado sin una parte integral de mi ser. Al mismo tiempo, me veo subyugada por un sentimiento de logro y éxito, como si hubiera construido una palloza o una pirámide. Es curioso.
Por último, creo que lo que más me gusta de escribir es cuando no le pongo cortapisa alguna a la acción de trasladar el pensamiento o la emoción al papel: la escritura automática o el torrente de consciencia me excita; y más aún cuando lo hago estando sola en un bar observando a la gente.
Me gusta sentirme una periodista o una espía en algún tipo de misión estratégica u oculta en la que desvelo o plasmo los misterios más profundos de la sociedad; es ilusorio, pero por ahora no he hecho mal a nadie con ello; al menos, eso espero.
¿Cuál ha sido tu mejor momento como escritora hasta ahora?
Podría decir que la publicación de Líbrida, pero estaría mintiendo.
En realidad, mis mejores momentos, repletos de magia y de poder de manifestación, han sido la invocación de varios personajes reales y literarios que aparecen en algunos de mis relatos, principalmente en la obra a la que aludí antes, L’ANAMOUR. Sombras de Bruselas.
En varias ocasiones a lo largo de los últimos años me ha sucedido leer alguno de estos relatos, ya sea a un grupo, a una comunidad o a una amiga, o incluso estar escribiendo en una terraza acerca de dichos personajes y cruzármelos a la hora o a los pocos días. Es algo fascinante y que me llena de valor, de guía y de alegría para seguir retratando y escribiendo sobre la realidad de los barrios y sus dinámicas, de las calles y las personas que las habitan.
¿Cuál es tu siguiente meta/ reto?
El reto principal es seguir escribiendo, sobre todo en términos de encontrar el tiempo y el espacio para hacerlo.
Combinar una pasión o una necesidad, como es escribir o cualquier práctica artística, con un trabajo de oficina no es fácil.
Reconozco igualmente mi privilegio y, sobre todo, el valor de tanta gente que decide llevar a cabo una vida totalmente alineada con sus valores, a pesar de tener que sufrir inmensa precariedad y falta de garantías a muchos niveles. Yo, por ahora, no he llegado a ese punto, aunque no lo descarto en un futuro. Por suerte, mi trabajo también me proporciona herramientas para colaborar o aportar un grano de arena en ciertos aspectos sociales o culturales con los que, por ahora, me identifico.
Otra meta es la de seguir colaborando y crear comunidad con personas afines, y no tan afines, con el objetivo de seguir aprendiendo y nutriéndome de otras disciplinas y de otras formas de ver y vivir la vida.
¿Qué ideas/ consejos le darías a una persona con ganas de publicar?
No creo que sea estrictamente necesario publicar, pero si hay un deseo natural, unas ganas de compartir o de exponerse, de lanzarse a la aventura, recomendaría hacer una búsqueda de editoriales independientes o alternativas que no se guíen por intereses de mercado y que valoren la originalidad o la calidad, entre otros aspectos. Esta es una opinión muy personal, por supuesto.
Creo que es necesario alimentar o favorecer las editoriales que trabajan con voces disidentes, resistentes, feministas, antifascistas y antirracistas.
Por otro lado, también está la autopublicación, una manera muy digna, válida y legítima de hacer valer la creatividad.
¿Dónde podemos encontrarte (redes/ web...)?
En Facebook , Instagram y LinkedIn
Por muchos más éxitos, Sofía.

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