Dedicamos marzo al poder femenino

Feliz uno de marzo. No sé si es igual en otras ciudades, pero en Bruselas ha salido el sol y se ve azul en el cielo, y eso, para las y los que vivimos aquí, equivale a tres sesiones de terapia, de esas que cierras la pantalla y notas te han ayudado a dar un paso distinto.

Además de celebrar esos rayos de sol, celebramos que arranca el primer mes en Purcuapà Magazine dedicado íntegramente al universo femenino. Vamos a navegar el pozo sin fondo de las cirugías estéticas, que a algunas, nos altera la química del cerebro; el poder de definir tu estilo personal; la magia de la luna y, en lo que representa una de las causas más profundas que nos mueven, la invisibilidad de las mujeres en el arte. Buscaremos mujeres referentes y cómo pueden ayudarnos a construirnos y a deconstruirnos. 

Y enlazo esta celebración con una pregunta, muy incómoda, que me hicieron hace unos días 

¿qué te ha pasado en la vida para que seas tan feminista? 

La verdad es que balbucée y el atrevimiento me dejó fuera de juego. Mi instinto me hacía pensar, "¿A mí en concreto? Nada." Pero creo que lo que debería haber preguntado es ¿qué te ha pasado a ti para no ser feminista? Le respondí que es una necesidad estructural, la de considerar a las mujeres en todos los ámbitos de la vida, que el mundo, en concreto, el capitalismo que nos domina, está concebido en clave masculina. Que la salud es masculina, que el trabajo es para sus tiempos, que la apariencia es la que ellos dictaminan. 

La gran complejidad del o la que se sabe feminista es que siempre puedes caer en el sistema. Puedes, sin querer, juzgar lo que otras mujeres hacen, cuando el trabajo es desenmantelar el sistema que nos lleva a determinados comportamientos. El enemigo habita dentro de nosotros. ¿Quién es capaz de no pensar que el suyo es el mejor punto de vista? El trabajo es pensar de una manera y dejar que muchas otras formas de pensar te habiten, pero ¿también aquellas que van en contra de los principios a los que te agarras y que ves deslizarse por tus dedos por la presión del sistema? 

¿Dónde acaba la barrera del límite personal y dónde empieza el juicio a lo que hacen los otros?

Pocas veces, de entre las personas que sobrevivían al despotismo masculino imperante, he visto a hombres o a mujeres encarar sus conductas. Pero muchas veces, he visto a hombres y a mujeres cuestionar y criticar mujeres. ¿Qué tienen ellos que pasan de rositas cuando comen mal, tienen arrugas, no entrenan y no han estudiado o aún están estudiando con 28 años? Crecen como héroes, y ellas, crecen víctimas de los comentarios hirientes de sus madres, sus amigas, y los venidos a más masculinos que se cruzan en sus vidas. Han de ser madres y altas ejecutivas, saber cocinar y no permitir una casa sucia. Ellas, que han visto a sus amigos dejar todo lleno de trastos, crecen pensando que les falta algo. 

Es tiempo de dar luz y poner foco en lo femenino. 

La multiplicidad femenina, su diversidad y su elegancia. 

Faltan referentes femeninos, porque faltan sociedades libres que no puedan con nuestros talentos, que no nos achiquen, que no generen monstruos.

En Purcuapà Magazine ponemos luz a la complejidad de los tiempos que vivimos, con la esperanza de celebrar lo diverso y lo inclusivo, y con el convencimiento de que ellos no tendrán más remedio que sumarse al lado correcto de la historia. 


- Un artículo de Leticia Vicario - 


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