Decrecimiento en Cuba: entre laboratorio de sostenibilidad y precariedad

Partamos de la base de que Cuba está viviendo una situación realmente precaria. Y no solamente a nivel económico, sino social y político, que es lo que más hace perder el rumbo a los ciudadanos.

Pero hace unos días, tuvimos la oportunidad de ver "Cuba, voyage dans une nation low-tech", de la mano de la ASBL Justice et Paix.



Líderes en Bélgica en cuanto al Movimiento low-tech, esta organización planteó el documental como un posible modelo de estudio para contruir sociedades con tecnología reducida, abriendo la puerta a métodos más sostenibles y lentos. 

Pero enseguida surgieron cuestionamientos.

El primero y más importante, la duda moral de usar un país en condiciones de precariedad extrema como ejemplo de decrecimiento. Habría que preguntar a los cubanos en qué sociedad querrían vivir y a qué tipo de tecnología querrían acceder.


No es casual que cuanto más nivel económico hay, mayores son la contaminación y los sistemas de producción extrema. 


Siempre nos ha parecido particularmente inmoral pedir los países en vías de desarrollo lo que los países mal llamados desarrollados no hicieron en su momento y no hacen aún ahora. 

El segundo, la obsolencia programada. 

En la vorágine capitalista, el sistema diseña productos asegurándose de que a cierta altura dejarán de funcionar. 


Nada más hipócrita y a la vez nada mejor pensando, que hacernos llevar al Punto Limpio máquinas que el sistema ya sabía que se iban a deteriorar.

Cargar al ciudadano con el peso del reciclaje en vez de regular a los fabricantes para que los productos se diseñen para que duren el máximo posible es, cuanto menos, cuestionable. 

El tercero, la paradoja de reparar. Incluso aquellas personas intrépidas que se decidieran a reparar, encontrarían que la pieza que necesitan es casi más cara que el producto inicial.

En términos de tiempo, incluso si decidiéramos reparar, nos veríamos obligados a invertir probablemente más del que tenemos, más el necesario para aprender a hacerlo, por cada uno de los objetos que pueblan nuestras casas. 

Los cafés donde se reparan objetos cuentan con voluntarios experimentados que aún así, necesitan tiempo para entender el item que tienen enfrente y su reparación potencial.

Parece obvio que tales centros de reparación podrían ser una iniciativa pública previa a los vertederos.


El cuarto y último cuestionamiento fue, para nosotras, particularmente importante: la responsabilidad individual.

Aunque los miembros de la organización hablaron del "burn-out del activista" que acaba queriendo detener el cambio climático por sí solo, y por lo tanto, acaba también agotado, nosotras creemos que como ciudadanos tenemos un poder inmenso.


El capitalismo se sostiene en las decisiones diarias de millones de personas. 


Si todas decidiéramos a la vez dejar de comprar, el sistema colapsaría.

Pero es más fácil echarle la culpa al sistema, y al marketing (el eterno diablo), que a nuestro día a día y a nuestra falta de acción consciente.

Por supuesto que el problema es más grande que nosotros y nosotras. 

Pero acaba y empieza, con nosotros y nosotras.



- Un artículo de Leticia Vicario - 

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