A prueba de bala

Hace un tiempo que me devora la nostalgia. Creo que no hay peor nostalgia que la de constatar que has perdido el tiempo.

Diez años de mi vida se han pasado sin darme cuenta. Y mira que han pasado cosas que me querían despertar del "más adelante", "cuando esté bien", "cuando me entiendan", "cuando me den una oportunidad".

Se han ido diez años de mi vida pendientes del qué dirán. Veo como personas adultas siguen construyendo su vida en base a lo que les dicen los otros, lo que deciden pagarles, lo que otros deciden sobre dónde vivir.

Pasan los años y te acuerdas de la profesora sin autoestima que intentó que tu también la perdieras, las personas tristes que quisieron contagiarte, los rollos de verano que salieron realmente mal.

Me acuerdo estar en La Graciosa y no tener dónde cenar, porque todo cerraba, y que la persona con la que estaba insinuara que no me iba a pasar nada por irme a la cama un día sin cenar. Chiquito cretino. 

Me acuerdo de un Ford que arrancaba mis entrañas cada vez.

Me acuerdo de una persona que había estado siempre y un día se convirtió en plástico y nunca más contó.

Diez años a prueba de bala, en lo que parece una danza retorcida del destino para que ya no aguante ninguna más. 

Castings de último minuto que nunca tienen call back. Personas que te rebotan sus fallos y te hacen arrepentirte por haber dejado que estuvieran cerca de ti.

Todo lo que parece inocuo es en realidad nuestro día a día, y entran muchas personas erróneas si dejas la puerta abierta. Atentos también a las ventanas, a cualquier resquicio de accesibilidad.

También me acuerdo de los atardeceres sola en Cerdeña, de la primera vez que me subí en Etihad. Del agua turquesa de Maldivas. Del día que Abdessamad bajó a buscarme en chilaba y supe que iba en serio.

Las esperas a que todo salga bien se han devorado diez años de mi vida. El pánico es que vuelva a pasar con otros diez. 

Ya hay sol en Bruselas y aún así, no parece que haya manera de iluminar retroactivamente tantos años de mi vida. 

En Madrid era peor. 

Me pregunto dónde se vive sin tener la sensación de que alguien está viviendo tu vida y no eres tú. 


- Un artículo de Leticia Vicario - 


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