Belleza obediente: del corsé al Ozempic

¿Es la belleza hegemónica común en todo el mundo? ¿En sociedades diversas? ¿En toda Europa? Navegamos este tema peliagudo pero de reflexión necesaria. 

El espejo de nácar que nos impusieron

¿Por qué en las telenovelas que veía de pequeña con mi abuela las protagonistas que tenían un estatus socioeconómico alto tendían a tener rasgos europeos y sus asistentas o sirvientas tenían más bien rasgos indígenas? ¿Sigue ocurriendo en las series actuales? El problema es que en el espejo donde nos miramos reflejadas la belleza se mide con un estándar impuesto por la sociedad, por las redes sociales, por los hombres…

Me gustaría que os imaginárais a una persona turca; esta persona que apareció automáticamente en vuestra cabeza, ¿era rubia, tenía los ojos claros y era delgada? Todavía hoy en día seguimos implantando/importando los mismos estándares de belleza a países donde las personas rubias prácticamente ni existen. ¿Por qué ocurre esto en países como Turquía donde las personas con esos rasgos brillan por su ausencia? Porque estamos importando series y telenovelas protagonizadas por personas “atractivas” para el gusto europeo genérico/clásico. 



¿A alguien de Noruega le parecería más atractiva yo con el pelo oscuro y rizado, o mi prima de ojos azules y rubia? 

¿Juega un papel en el atractivo percibido lo conocido o lo escaso que sean esas cualidades físicas? 


¿También son extrapolables las características de personalidad o atractivo emocional en diferentes contextos culturales? 

¿Quién decide qué es atractivo? 


Como bien dijera Betty Friedan, “las propias fórmulas, que han dictado la nueva imagen del ama de casa, son fruto de mentes masculinas” (1).  Parece que el patriarcado no tenía suficiente con imponernos una manera de vestir, comportarnos y ser bellas… que ahora también viene de vuelta el ser la perfecta ama de casa con las tradwife influencers en Europa y EEUU. Por eso cuando las personas que no son muy conscientes de la necesidad del feminismo, aquellas que aún no disfrutan de la vista de las gafas moradas, nos preguntan qué más necesitamos las mujeres si ya “somos iguales”.


El canon tiene color (y tipo de pelo)

Recuerdo perfectamente como cuando éramos adolescentes por allí en el año… 2008-2012 tener el pelo rizado en España era sinónimo de ser una mujer descuidada, desaliñada y poco atractiva. Pasábamos por la tortura de los secadores, las planchas y quién sabe qué más con tal de no presentarnos en sociedad con nuestro pelo natural rizado. ¿Tiene algo que ver que el pelo rizado sea más común en razas como la roma o negra en que se identifique con la “otredad”? El pelo rizado está presente tan sólo en un 15% de la población europea, mientras que el ondulado en alrededor de un 40% (2).  Aquí la teoría de lo atractivo de lo escaso en un territorio concreto se nos cae sobre su propio peso. 


Del corsé a la glowy skin

¿Es también el canon de la belleza una moda? ¿Por qué en los cuadros de Velázquez aparecen esas mujeres voluptuosas y pálidas? Hubo una vez que la palidez era considerada “hermosa” pero no por la piel, no por el aspecto sino porque demostraba estatus, quería decir que no trabajabas, que pertenecías a aquella clase para las que las preocupaciones eran el baile vienés del mes que viene, el nuevo color de moda, tocar el piano y bordar nombres en telas. (Por supuesto siempre hablando del género femenino de aquella época). 

La disidencia sobre estas preocupaciones no era sólo mal vista sino castigada duramente. A aquellas mujeres privilegiadas se les permitía interesarse por las artes, la poesía, el baile, la botánica…pero uy, ¿y la política, y el feminismo, y los derechos sociales? 


¿Son nuestros estándares de belleza actuales también un reflejo del estatus de las personas? ¿Tenemos las mujeres, objetivos de belleza inalcanzables promovidos por las influencers y mujeres famosas de turno con acceso a tratamientos de belleza ilimitados, con recursos ilimitados? 

¿Podemos alcanzar esta glowy skin con un salario de clase obrera? ¿Deberíamos siquiera intentarlo?


El heroin chic ha vuelto, ahora con nombre científico

La vuelta de la delgadez extrema disfrazada de salud: “Antes te decían que estabas gorda y ahora que estás inflamada”. “Antes era no comer, contar, restringir. Ahora es una inyección semanal que suprime el hambre” (3).

Es la vuelta de la delgadez como capital. 


No es estética, es política. Y lo más perverso es que viene disfrazado de salud, de bienestar” ¿Es el Ozempic (y derivados) una plaga que ha venido para quedarse? El otro día escuché a alguien decir en Instagram que toda la historia de bienestar y de positividad con el cuerpo era eso, una historia. Que lo que la gente no quería era esforzarse por tener un cuerpo “mejor”. Que ahora que existe el Ozempic todo el mundo quiere ese cuerpo delgado… ¿Es la delgadez a lo que deberíamos aspirar? ¿Está escondiéndose el estar delgada como un objetivo de “salud”? Estoy segura que conozco a varias personas que parecen delgadas y, por tanto asumimos que sanas, y nada más contrario a la realidad. La gordofobia se suele acompañar de juicios y estereotipos sobre la salud pero yo no veo a las personas delgadas mostrando una analítica de sangre con buenos niveles de colesterol y de tensión. ¿Es tener “sobrepeso” una elección? ¿Podemos admitir que hay personas con una constitución determinada, problemas de salud física o mental que tienden a acumular grasa? 

¿Se juzga igual el “sobrepeso” en todos los géneros? ¿Son los hombres juzgados frente a este canon de belleza frente a la báscula tan duramente como las mujeres?  


La extrema delgadez, aunque me cueste admitirlo, se está volviendo a poner de moda…y esto, es muy peligroso. Recuerdo aquellas revistas juveniles con consejos sobre cómo entrar en una 36, recetas de ensaladas de verano y…otros consejos de “salud y bienestar”. Ahora no existen (o no conozco) este tipo de revistas juveniles rocambolescas, pero sí existen plataformas enormes de redes sociales donde aparecen estas chicas/mujeres mostrando sus cuerpos y caras de ensueño llenas de tratamientos de miles de euros y probablemente filtros y buena luz. 

En palabras de EL PAÍS, “El heroin chic de los noventa era explícitamente estético, incluso transgresor. Hoy es más sofisticado: se presenta como bienestar, disciplina u optimización del cuerpo. La diferencia clave es que ahora está medicalizado y legitimado. Se apoya en discursos de salud, datos biométricos y, en algunos casos, intervenciones farmacológicas” (4).

Que las mujeres entrenen es político. 


Nuestros cuerpos siempre se han conformado y definido por nuestra cultura, poder y control. Los cuerpos de las mujeres no existen fuera de la política, cada decisión que tomamos sobre nuestros cuerpos es, por tanto, una decisión política. Tanto el teñirnos si tenemos canas, como el depilarnos para conformarnos con la norma, maquillarnos… cada una de estas decisiones es profundamente política y sirve como modelo para otras niñas/mujeres. 


El dobladillo como barómetro

The midi skirt. La moda se muestra distinta según la situación sociopolítica del momento. Parece que el último trend en faldas es la falda midi que ha dejado a las minifaldas como las últimas olvidadas en nuestros armarios, incluso en épocas de calor cuando apetece más enseñar las piernas, por lo general. Y según el economista George Taylor, estos cambios en la moda no son aleatorios ni están desconectados de los cambios socioeconómicos del tiempo de esa sociedad. Aparentemente la largura de las faldas se acorta en tiempos de bonanza y se alarga en tiempos de crisis (5).

"En pocas palabras, los tiempos de prosperidad económica generan desperdicio de tela, mientras que los tiempos difíciles llevan al ahorro, incentivando la compra de faldas que pueden usarse temporada tras temporada, en contraposición a la minifalda, que sólo se lleva en ocasiones especiales. Y la historia confirmaría esta teoría que mantiene a la moda 'ocupada' al hacerla converger con la economía" (6). 



El cuerpo que incomoda

Estos trends en la moda no lo son sólo en nuestro vestuario, sino en cómo entrenamos. Un cuerpo de “yoga” siempre es OK pero, y una mujer fuerte, ¿lo es? 

¿Cómo es nuestro cuerpo femenino ideal? ¿Pequeño y delgado, ocupando poco espacio? 


Cuando una mujer fuerte lo es sin pedir permiso, esto choca de frente con este ideal de mujer que sonríe y asiente, aquella que es dócil y se conforma, que acepta sin llevar la contraria, aquella sumisa y deseada, aquella que tolera y acepta. La fuerza física no es sólo por estética, la fuerza física significa autonomía, resiliencia e independencia, y por tanto, libertad


El capital que no elegiste

¿Tiene el atractivo físico algo que ver con cómo se nos trata en la sociedad? Somos más amables con las personas “guapas”? ¿Es más fácil conseguir un trabajo en atención al cliente si se es atractiva? 

¿Existe el “pretty privilege”?: Llamaríamos pretty privilege a “este concepto, que sugiere que las personas atractivas gozan de ventajas significativas en diferentes aspectos vitales por su aspecto físico, ha ganado relevancia en los últimos años, generando debates y reflexiones sobre la equidad y la justicia de nuestras sociedades” (7). Podría considerarse parte de nuestro capital social puesto que también nos ayuda a relacionarnos y aumentar nuestro networking

¿Se juzga igual la belleza en la presentación de una mujer que en la de otros géneros? 


De las mujeres se espera no sólo que se presenten arregladas y preparadas a un trabajo (emocionalmente y laboralmente hablando) sino también que sean atractivas y, por supuesto, complacientes y sonrientes. 

Pero, ¡cuidado! No demasiado guapas porque otras mujeres pueden verte como su enemiga, ni tampoco desaliñadas porque no te estás esforzando lo suficiente. 


Nunca puedes acertar con los mandatos de género…Si te maquillas quizás digan que eres superficial, si no lo haces quizás no te arreglas o no te preocupas lo suficiente por tu aspecto.  Este es otro mandato común del patriarcado… las demás mujeres son tus competidoras…allí donde te encuentres. Nunca lo hacemos bien del todo. Si sucumbes a la presión estética y te inyectas algo “no natural” en el cuerpo, eres débil y superficial. Pero a la vez que cumples 30 te empiezan a salir arrugas y pecas, canas… y sientes todo el peso de la edad. A la vez, otras mujeres de 50, por supuesto, te dicen que valores la juventud que te queda, que esta es efímera… 


En conclusión…nos encontramos con lo de siempre. Hagas lo que hagas, nunca lo harás bien. Tus decisiones serán criticadas duramente y serás juzgada acorde. 

Y me permito volver a las series de televisión que promueven la idea de que los rasgos europeos son los bellos. Han pasado los años y las modas, hemos cambiado las mujeres voluptuosas de Velázquez por el heroin chic y el Ozempic aunque ahora, por lo menos, aceptamos ciertas estructuras naturales como el cabello rizado pero, 

¿quién decide qué es bello y por qué obedecemos a estos mandatos?


Quizás la respuesta incómoda a estas preguntas retóricas sea que el canon nunca fue sobre belleza, sino sobre el control de los cuerpos, del espacio que ocupan, sobre quiénes deben encogerse y hacerse más pequeñas, sobre qué mujeres no son ni serán suficiente para este sistema. Creemos que hemos roto con los mandatos de la generación anterior, pero siempre surgen nuevos, quizás incluso disfrazados de bienestar, con datos biométricos o inyecciones semanales. 

¿Llegaremos algún día a mirarnos sin compararnos ni medirnos? ¿O seguiremos mirando la tele, esperando a que nos digan si lo que somos merece ser llamado  bello?


- Un artículo de Claudia Jiménez - 






(1) La mística de la feminidad, Betty Friedan – página 96.
(2) ScienceDirect, https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0002929709004649 and AJHD, The American Journal of Human Genetics, https://doi.org/10.1016/j.ajhg.2009.10.009 

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