Publicamos más que nunca y sentimos menos que nunca. ¿Qué está haciendo esto a nuestra identidad?
Estamos atravesando una crisis de identidad como nunca antes, y todo a causa del algoritmo de las redes sociales.
Las plataformas premian la velocidad con la que las tendencias llegan y se van,
empujando a que la gente tenga que crear cada vez más contenido y así se nos hace imposible predecir qué puede pegar fuerte mañana, o cómo vamos a tener que acomodarnos a lo nuevo si recién acaba de llegar lo viejo.
Es importante tomar en cuenta que nuestro cerebro no está diseñado para procesar tanta información en tan poco tiempo: la rapidez de las tendencias no nos deja ni asimilar, ni elegir ni disfrutar, porque ya tenemos que correr a la siguiente.
Y todo para creer que pertenecemos a un mundo ficticio, el de internet, y no por una necesidad genuina.
Porque, personalmente, creo que aunque parezca que estamos conectadas a través de las redes sociales,
en realidad estamos mucho más desconectadas de lo que somos como seres humanos en el mundo real y tangible.
Todo termina siendo una ilusión que ni tiempo tenemos de disfrutar, de entender, de ver si nos gusta y nos sentimos cómodas. Al final, todo termina siendo para que gente que jamás conoceremos lo vea en sus pantallas, o para que nosotras lo veamos desde el otro lado. Y la consecuencia es que nuestros bolsillos quedan saturados, y nuestra creatividad, atascada.
Las autoras de este problema son, justamente, TikTok y las demás redes sociales. Su algoritmo se alimenta de que la gente entre y consuma cada vez más, y lo impactante aquí es que durante el último año, el volumen de publicaciones en la plataforma aumentó un 72% en video y un 140% en imágenes y carruseles, aunque casi todas las métricas de rendimiento cayeron. Esto impulsa a los creadores de contenido a seguir generando novedades para que la gente se enganche y comparta lo nuevo que está viendo, e influye directamente en cómo funciona nuestro comportamiento a la hora de consumir:
así creamos el círculo vicioso de encontrar placer en lo inmediato.
Frente a todo esto, hay una "tendencia" que para mí es más bien una necesidad: el anti-trend, que apareció este año con mucha más fuerza, incluso con creadores de contenido buscando tomar conciencia y compartir que la vida lenta y el consumo responsable son lo que de verdad nos llena como personas, y lo que nos deja encontrar nuestro estilo personal. Esta tendencia debería volverse una forma de vivir, y poder cambiar el contenido que consumimos antes de que nos saturemos que, en realidad, creo que ya lo estamos.
Por suerte, la solución a este problema es más sencilla de lo que nos permitimos que sea. Lo primero es entender que repetir y usar muchísimo tu ropa está perfectamente bien: eso te ayuda a confirmar qué es lo que de verdad usas, y así hacer compras inteligentes.
Luego, creo que es importante entender que las tendencias no se van, las novedades son parte de nuestra vida, pero podemos elegir ser conscientes y prestar atención a fuentes y organizaciones profesionales y relevantes, como PANTONE©️, que este año eligió el blanco “Cloud Dancer” como color del año, para darnos un poco de paz, de descanso, representando un momento para pensar y cambiar ciertos hábitos. O también mirar lo que las diferentes marcas de lujo presentan en sus fashion shows, porque siguen siendo las que dictan las tendencias, y es importante saber que las colecciones se presentan sólo dos veces al año, y no cada semana.
Esto nos permite mirar con detenimiento lo que tenemos en nuestro armario, porque estoy más que segura de que lo que ya tenemos es casi todo lo que necesitamos.
Hacia una nueva dinámica
La crisis de identidad no se resuelve esperando la próxima tendencia, sino mirando lo que tenemos adentro y dejando de buscar todo afuera.
Lo que ya invertimos en prendas merece ser disfrutado, sacándole el jugo con la creatividad que todos tenemos.
Esto no significa que si alguna tendencia nos gusta la ignoremos, o que nos privemos de probar ciertas prendas, porque al final la experimentación es parte de quien somos de verdad. La autenticidad y la conexión con uno mismo para crear nuestro estilo personal son, posiblemente, dos de las pocas cualidades que nadie te puede quitar. Que disfrutes el camino de vuelta hacia ti misma.
- Un artículo de Martina Eguino -
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