Los lunares son un camino al infinito; despedimos a Yayoi Kusama

Consuelo parcial a nuestra eterna duda sobre por qué no hay tantas mujeres artistas en la historia del arte como hombres, despedimos a Yayoi Kusama, ejemplo de dignificación de la atención a la salud mental. 


Paris, Île-de-France

"In the field of art history, the white Western male viewpoint, unconsciously accepted as the view point (...), may -and does- prove to be inadequate, not merely on moral and ethical grounds (...)."

Con esta frase de Linda Nochlin en su obra "Why have there been no great women artists?" (1971) nos adrentamos en la magia psicodélica de Yayoi Kusama. Nacida en 1929 en Matsumoto, Japón, nos dejaba el pasado 14 de agosto en Tokyo.

Precursora -y no sólo parte- de la avant-garde, fue pintora, escritora, y escultora. 

Contra todo pronóstico, fue fuente de inspiración para Andy Warhool, aunque a él lo conoce todo el mundo y a ella, no. 


Île de Naoshima, Japan

Aunque al irse de Nueva York en 1970 cayó en el olvido, los últimos años, sus instalaciones y sus colaboraciones con marcas como Louis Vuitton, la convirtieron en centro de referencia. 

Desde pequeña, sufrió alucinaciones, pensamientos obsesivos e ideación suicida. Veía los espacios transformarse en color, líneas y puntos.

Pero hizo de eso su arte. 

Esto es sin duda lo que más nos apasiona de ella. Lejos de vivir su engranaje cerebral con vergüenza y culpa, decidió honrarlo y hacer de él su vida. Fue ella la que en 1973 decició ingresar en un hospital de salud mental del que se convertiría después en residente permanente. 

Quiso cuidarse y dejar su huella en el mundo.

"Los lunares son un camino al infinito" declararía. Y así es. Sus lunares nos recuerdan que la aceptación es posible, que podemos hacer de nuestra peculiaridad nuestro signo y que las personas están listas para escuchar, ver y sentir nuestro punto de vista. 

Esta es la clave que nos fascina: la necesidad de variedad de puntos de vista y la capacidad de las sociedad para integrarlos. 

Algunas de sus piezas se vendieron a precios históricos, demostrando al mundo que la enfermedad mental puede no ir ligada a la precariedad económica. Y no sólo eso, sino que supuso récords históricos en el precio de venta de obras hechas por una mujer. 

Por muchas más artistas como Yayoi Kusama.

Que nunca dejemos de vernos capaces. 


- Un artículo de Leticia Vicario -

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