Lo cierto es que recientemente se nos han caído tres pilares del sector de la influencia en España. Analizamos qué está pasando en el sector y si acaso está a punto de derrumbarse lo que podría ser un castillo de naipes, con jardín incluido.
No vamos a dar nombres, porque en Purcuapà Magazine hablamos de mujeres, y de personas, sólo para enaltecerlas. Pero sí vamos a entrar en las razones, que nos han roto el corazón y la razón, en lo que parece por fin una batalla donde ambos están de acuerdo.
La cirugía
Exponernos de forma diaria a mujeres que, más allá de los retoques estéticos, se embargan en un proceso quirúrgico, es atentar contra nuestra salud mental. Nos gustaría que eso no fuera así, pero exponernos a caras que se consiguen a golpe de bisturí, meterlas en nuestras casas, llenar nuestro subsconsciente de filtros, tiene sólo una salida: acabar pensando que no eres suficiente. Suficientemente guapa, suficientemente jóven, suficientemente alienígena, si me lo permitís, porque tu cara no se estira en clave de imposibles y tus labios están claramente desigualados.
Deberíamos, ahora más que nunca, buscar caras reales, caras que envejecen y que brillan en su juventud más plena. Millennials convencidas de que aún tienen 26 y representantes de la generación Z recuperando los pantalones de campana. Mujeres mayores de 50, de 60 y de 70 que están empezando de cero.
Deberíamos ponerle freno a una sociedad que nos dice que no hemos de ser lo que aparentamos, que tenemos que cambiar la apariencia para ser mejores.
Para ser, en última instancia, lo que la sociedad quiere que seas y tú has acabado por creerte.
El humo
Hay escritores, coaches de escritores, y, en un giro insospechado, coaches de coaches de escritores. La historia se multiplica. Marcas personales, coaches de marcas personales y coaches de coaches de marcas personales. Nos mareamos.
Se hace muy difícil no pensar que, esa inversión que te piden que hagas para ser una madre que puede llevar su empresa viene, casi seguro, del salario que te da alguien que tiene una empresa de la que el susodicho o susodicha te indica has de salir. Ellos, y ellas, que buscan hacerte independiente, lo están siendo gracias a tu salario de dependiente. Coaches de emprendedoras cuyo emprendimiento es convencerte de que puedes sacar tu emprendimiento adelante, aunque el suyo, en concreto, no existe, porque es el de convencerte de que crees tú el tuyo.
No puede haber tantos coaches. Y no puede haber tantos coaches de coaches.
Es cierto, el sistema te catapulta; si no te cuidas, tu día a día puede ser insufrible. Pero la salida del sistema no puede ser la proliferación de coaches que te ayudan a salir del sistema a base del salario que ganas dentro del sistema.
Hay que repensar.
Y en el camino, han caído referentes.
La queja
No invalidamos. Pero recordamos.
Poder viajar por el mundo, dedicarte a lo que te gusta, que tu creatividad sea tu valor más preciado, son lujos que parecen inalcanzables para muchos.
A los segundos, recordarles que en Purcuapà Magazine creemos que todo es posible. A los primeros, no perdáis el rumbo.
Os escuchamos y vemos buscando inspiración; os seguimos porque nos identificamos. Y acabáis arrastrándonos a un espacio en el que todo está mal: la decoración del hotel, el clima, vuestro cansancio (porque el nuestro parece no existir), el maquillaje que tarda en salir en la rutina de noche (¿tengo yo la culpa de que uses pestañas postizas que se pegan tan fuerte y productos de tanta calidad en su sellado?), la comida que no es española.
Nos preguntamos si será todo así, que cuando consigues algo, dejas de apreciarlo. Si la huída es siempre hacia delante.
Muy a nuestro pesar, dejamos de seguiros, porque nuestro día a día es una lucha, por querer ponerse guapa, por salir de la cama, por poner luz a lo que no se ve.
No podéis, pese al comodín que supone, acolcharos en el hecho de que sois personas individuales y no de referencia.
El trabajo de influencer es, por definición (esa que tanto os ha costado profesionalizar), ser referente.
Lo sois cuando promocionáis cremas, y cuando corréis o hacéis ejercicio por la mañana.
Lo sois también cuando os quejáis, os hacéis cirugías, o cuando vemos que vuestro verdadero capital somos nosotras, las seguidoras, que sin darnos cuenta hemos construido imperios que nos hacen más pequeñas.
Tal vez sea el principio del fin de la influencia, o tal vez deban volver a sus orígenes de gente normal, agradecida por estar cumpliendo un sueño y conectada en todo momento con su audiencia.
Es una profesión nueva, pero como en otra cualquiera, es hora de analizar su daño potencial y efectivo.
Buscad creadores pequeños, micro influencers, proyectos que os llenen de ilusión y confianza. Y, si os véis con fuerza, id clicando unfollow a lo que se siente como una punzada en el estómago.
- Un artículo de Leticia Vicario -





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