Doce prendas para guardar un año

En Purcuapà Magazine creemos que un año no se recuerda sólo por las fotos ni por los recuerdos más evidentes, sino también por la ropa que lo acompañó.

Por las imágenes guardadas en el móvil, sí, pero también por esas prendas que estaban ahí cuando no sabía muy bien cómo vestirme por dentro. A veces es una fotografía la que me devuelve una tarde concreta. Otras, es una textura, un peso sobre los hombros, una prenda conocida la que me lleva de vuelta a un lugar, a una sensación, a una versión mía que ya no es exactamente la misma, pero sigue siendo mía.

Al final, todo se parece bastante: recordar es volver.

Enero: Sobre pertenecer a un lugar - Un jersey negro

En enero volví a París.

Hacía frío y me gustaba que lo hiciera. Pasé horas en museos, caminé mucho, comí pain au chocolat casi cada día. Salía con un café para llevar y me dejaba llevar, como siempre que estoy allí.

Llevé mucho un jersey negro. No por nada especial. Simplemente era el que me ponía cuando no quería pensar. Me acompañó mientras caminaba una ciudad que no es casa, pero en la que algo dentro de mí se coloca solo.

Enero tuvo esa sensación: estar en un sitio conocido, aunque no me quedara. Y sentir que, a veces, eso ya es suficiente.

Febrero: Sobre la incertidumbre tranquila - Una chaqueta vintage

En febrero volvió a aparecer una chaqueta. La encontré en una tienda de segunda mano en París y se vino conmigo al norte.



Gijón, la playa en invierno, los paseos largos, los vermuts al sol, los aperitivos sin prisa. Fue un mes extraño y amable, con un invierno más cálido de lo esperado y muchas preguntas abiertas sobre el futuro.

La chaqueta pesaba lo justo. Como esa incertidumbre que todavía no asusta, pero ya se empieza a sentir.

Marzo: Sobre lo que siempre vuelve - Una bombonera rosa satinada

Lo llevé a mi graduación hace años. Cada primavera vuelve, como si supiera cuándo hace falta.

Con él llegaron los domingos de paella, las visitas de amigos, la casa llena, la escritura retomada sin miedo.

El satén rosa abrió la puerta al color y, sin darme cuenta, también a la esperanza. Algunas cosas saben exactamente cuándo reaparecer.

Abril: Sobre la estabilidad - Mil blazers

Fueron varias. Todas. Blazers que se repetían entre viajes a Barcelona, trabajo, marketing y una estabilidad que empezaba, por fin, a sentirse real.

Familia, amigos, una felicidad tranquila. Las blazers ordenaban el cuerpo del mismo modo en que el mes fue ordenando la cabeza.

Mayo: Sobre construir hogar - Un conjunto total denim 

Cafeterías convertidas en oficinas improvisadas. Aprender a trabajar desde casa. Construir, poco a poco, un círculo de amistades.

El denim fue uniforme y refugio. Y, por fin, apareció esa sensación tan buscada: estar en casa.

El hogar también se construye en presente.

Junio: Sobre el impulso de vivir - Una flor roja en el pelo

El norte jugaba a ser verano. Sobrecamisas cuando refrescaba. Un viaje exprés a Mallorca.

La visita de mi mejor amigo: comer bien, reírnos mucho, hablarlo todo. Primavera Sound, un outfit improvisado, la creatividad volviendo poco a poco a su sitio.

El rojo siempre es una invitación a vivir.

Julio: Sobre libertad - Unas bermudas y muchos tops rojos

Me atreví. Bermudas, calcetines rojos, tops rojos. El verano de verdad.

La libertad, el trabajo, el sol. Disfrutar también es una forma de valentía.

Agosto: Sobre la felicidad concreta - Una falda blanca muy especial 

Barcelona, buena comida, una terraza con vistas, copas al atardecer. Amigos, familia, luz. Un viaje en tren con Matilda.

El satén y la concha se convirtieron en talismanes.

Certeza: la felicidad suele ser bastante concreta.

Septiembre: Sobre la rutina elegida - Una falda animal print y unas botas cowboy

Con top de tirantes, sobrecamisa y botas cowboy de ante. La rutina volvía, aunque nunca se había ido del todo. Seguir disfrutando del trabajo.  El animal print fue permiso y equilibrio.

Certeza: se puede volver sin renunciar a nada.

Octubre: Sobre la creatividad - Una capa más cuando refrescó

Faldas midi, cafés para llevar, visitas de amigas. Vacaciones merecidas. Creatividad en estado puro.

Un deseo lanzado a una fuente de siete caños.

Certeza: pedir también es una forma de avanzar.

Noviembre: Sobre el amor que ocupa - Un abrigo verde protagonista

En noviembre llevé mucho un abrigo verde. Salía a pasear sin pensar demasiado, bebía vino, comía gildas. Había calma.

El abrigo estaba ahí, ocupando espacio, acompañando. Y también el amor apareció, de una forma tranquila, casi tímida, como si no quisiera asustar. Como hacen algunas cosas cuando empiezan a importar de verdad. 

Diciembre: Sobre cerrar y echar de menos - Transparencias y animal print

Diciembre fue más intenso. Transparencias, animal print, navidades. Estar en casa, el frío en la calle, otro viaje en tren con Matilda mientras el paisaje pasaba lento por la ventana.

Volver a casa de mis padres y volver a ser hija. Descansar, sentirse querida, rodeada de amor por todas partes. Y, al mismo tiempo, notar ese nudo suave de echar de menos.

Diciembre tuvo algo de cierre y algo de hechizo. La certeza de que crecer no siempre te aleja. A veces, simplemente te devuelve —con más amor— al lugar donde todo empezó.


El año se fue acomodando así: a base de idas y venidas, de aprender a quedarse un poco más cada vez. Nada ocurrió de golpe. Todo fue encontrando su sitio despacio.

Ahora puedo recordar cada mes con una claridad extraña. No por lo que pasó, sino por cómo se sintió. Un abrigo me devuelve a un paseo concreto. Una falda a un otoño exacto. Un jersey a esa persona. La memoria vuelve a través del cuerpo, de las prendas que estuvieron ahí mientras algo importante estaba ocurriendo.

Hay ropa que ya es recuerdo y la miro con ternura. Y hay otra que es presente, que sé que me llevará a lugares bonitos, a escenas nuevas, a una vida que empieza a abrirse.

Cierro el archivo de mi armario de 2025.

Empieza otro año, y lo hace así: con la ropa preparada y el amor ya dentro.


- Un artículo de Andrea Hernández - 


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