Puede que no creas en San Valentín, estando sola o en pareja, pero hay algo, derivado de ver corazones y rojo en escaparates, tu feed y marcas de perfume, que conecta con tu subsconsciente. Y éste te devuelve la pregunta, ¿de qué vive tu corazón?
Creo que vive del silencio. De los domingos con la ropa lavada y el lavaplatos vacío sabiendo que he hecho lo que tenía que hacer; avena preparándose para el overnight, un pastel soprendentemente bueno y aún, sosprendentemente hecho por ti.
Cambiar la casa. Y sentir que te devuelve en partículas de calma el amor que has puesto en el decluttering. Y en el duelo. El duelo por la prenda que dejas ir porque te trae demasiados malos recuerdos, aunque tu amor por el patrón siga intacto. Hay prendas que cargan palabras que nos dijeron, situaciones que vimos y vivimos.
Hay miedo a dejar ir prendas con las que conociste el amor, por si se te escapa entre los dedos.
Pero no se escapa. Siempre vuelve, o permanece.
Creo que mi corazón vive de los días con sol, las recetas que salen bien, del silencio cuando leo. Son tantos los días que hubo ruido, que con la llegada del silencio sorprende descubrir lo vivos que estamos por dentro.
Vive de los recuerdos que me ayudaron a navegar las aguas más oscuras, que me protegieron. De los días en los que todo estuvo bien, o en los que tomaste decisiones acertadas.
Vive de fe. De sentir que algún día todo estará bien, y aún, que lo que viviste también lo estuvo.
Nunca deberíamos dejar de escuchar a nuestro corazón. Promovamos un San Valentín que celebre la escucha activa de quién somos; que nos aleje de lo que no, que nos llene de esperanza.
Celebremos en San Valentín los micromomentos en los que tuvimos la certeza de que alguien nos quiso, los momentos en los que rozamos lo infinito.
Celebremos que cada día somos más una misma; que cae el miedo o si viene, no dejamos que nos consuma.
Creas o no creas en San Valentín, recuerda que es el amor (love, actually), lo que nos salva.
- Un artículo de Leticia Vicario -



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